La perspectiva de género en las fuentes estadísticas

Datos

Históricamente, en la elaboración de las estadísticas ha prevalecido un enfoque androcéntrico, como ha ocurrido en el conjunto de las ciencias sociales. Se ha tomado al hombre como modelo de medida y análisis y los resultados se han dado por válidos y representativos para toda la población, invisibilizando la realidad de las mujeres caracterizada por la desigualdad y la discriminación.

La preocupación por la incorporación de la perspectiva de género en las estadísticas públicas es relativamente reciente. No obstante, en las últimas décadas se han dado pasos decisivos para su incorporación, aunque no suficientes. 

El punto de partida se sitúa en la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975. En ella se puso de manifiesto la falta de estadísticas y datos desagregados por sexo, lo que representaba uno de los obstáculos más importantes para el diseño de políticas públicas orientadas a cambiar la situación de las mujeres. Pero hasta la Tercera Conferencia Mundial sobre la Mujer de Nairobi (1985) no se tomaron algunas decisiones en este sentido. El impulso definitivo para las estadísticas de género fue la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995), con la asunción de unos objetivos recogidos en la Plataforma de Acción de Beijing que instan al desarrollo de las estadísticas de género, y por la introducción del concepto de «transversalidad de la perspectiva de género». Ello supone “dar el salto” de elaborar estadísticas “sobre mujeres” a elaborar estadísticas con “perspectiva de género”.

En definitiva, se pasa de impulsar el desarrollo de estadísticas de género a incluir la perspectiva de género en los sistemas estadísticos. Un proceso que ha de tener en cuenta una serie de criterios que han de incorporarse en las principales fuentes estadísticas (encuestas y registros administrativos):

  • La información estadística referida a personas debe ser diseñada, recogida, explotada, sistematizada y presentada desagregada por sexo (como variable transversal).
  • Interrogarse sobre cómo determinados fenómenos impactan de forma diferencial en función del género.
  • Utilizar conceptos sensibles al género.
  • Utilizar el análisis de género tanto en la recopilación y producción, como en el tratamiento y presentación de la información.
  • Diseñar e incluir en las operaciones estadísticas nuevos indicadores.
  • Elaborar nuevas estadísticas y nuevas fuentes de información.
  • Hacer uso no sexista del lenguaje como parte del proceso de adecuación del enfoque de género a las estadísticas.

Como vemos, la introducción de la perspectiva de género en las estadísticas es un proceso complejo que se ha ido desarrollando a lo largo de las últimas décadas, y que sigue evolucionando. En pocas décadas se ha pasado de una realidad caracterizada por la ausencia de datos estadísticos sobre mujeres a una situación en la que cada vez existe una mayor evidencia y conciencia de la necesidad de incorporar el enfoque de género en los sistemas estadísticos. Pero aún queda un largo camino por recorrer. Un camino al que se ha sumado la Línea Datos, haciendo una revisión de las principales estadísticas y planteando el diseño de nuevos indicadores que aporten conocimiento en este campo.

 

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